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Biodiversidad y ODS: La Lucha en América Latina para Liderar la Transformación Sostenible

El impacto de la actividad humana en la naturaleza parece no tener fin. En los últimos 50 años (1970-2020), las poblaciones de fauna silvestre a nivel mundial se redujeron en un 73%. En América Latina, la región que más rápido está perdiendo biodiversidad, esa cifra sube hasta un alarmante 95%.

La conversión de ecosistemas como bosques, pastizales y humedales para la agroindustria, la sobreexplotación de especies, el cambio climático y la introducción de especies invasoras han acelerado este declive. Según el Índice Planeta Vivo (IPV), que rastrea 35,000 tendencias de especies en todo el mundo, las poblaciones de agua dulce han sufrido la mayor pérdida, con una caída del 85%, seguida de las terrestres (69%) y marinas (56%).

El IPV actúa como una “alerta temprana” del riesgo de extinción, permitiendo evaluar la salud de los ecosistemas. Cuando las poblaciones de especies caen drásticamente, la resiliencia de los ecosistemas se ve amenazada. Esto puede llevarnos a puntos de no retorno, como la muerte masiva de los arrecifes de coral, el derretimiento de los polos o la destrucción de la selva amazónica, lo que afectaría a todo el planeta.

El Amazonas, que alberga más del 10% de la biodiversidad terrestre, ha perdido ya el 15% de su superficie debido a la deforestación y al cambio climático. Además de almacenar miles de millones de toneladas de carbono, lo que ocurre en la Amazonía afecta a otras regiones, como la Cuenca del Plata.

La producción de alimentos y el uso de energía también están contribuyendo a esta crisis. La agroindustria utiliza el 40% de la tierra habitable, el 70% del agua dulce y es responsable de más del 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Por su parte, el uso de combustibles fósiles sigue siendo el principal impulsor del cambio climático, que está dañando los ecosistemas a gran escala.

Si no tomamos medidas urgentes, la situación es preocupante. Sin transformaciones profundas, es probable que no alcancemos la mitad de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, y el 30% de ellos podría incluso empeorar. Proteger la naturaleza es clave, y un camino claro es aumentar las zonas protegidas, que actualmente cubren el 16% de las tierras y el 8% de los océanos. El objetivo global es alcanzar un 30% de protección para tierras, aguas y mares, y restaurar el 30% de las áreas degradadas para 2030. 

¡Es una oportunidad única para cambiar el rumbo!

Fuente de la imagen: BID